El mayor fracaso de la historia del tren en España». Así denominaba el propio Ministerio de Fomento a la línea de ferrocarril que unía el municipio jienense de Baeza con Utiel (Valencia). Fue «uno de los proyectos más ambiciosos del siglo pasado, pero murió sin hacerse realidad», continúa narrando en su revista número 697, La huella del tren que nunca llegó, de septiembre de 2019.
Esta línea, que llegó a considerarse el «eje vertebrador del interior peninsular», nació con el Plan Preferente de Ferrocarriles de Urgente Construcción de 1926, más conocido como el Plan Guadalhorce, y fue puesto en marcha por el gobierno de Primo de Rivera un año después. Este año se ha cumplido el centenario de su planeamiento, pero fue en 1991 cuando oficialmente quedó abandonada con un 80% de la travesía construida.
El proyecto tenía como objetivo convertirse en el gran corredor ferroviario entre Andalucía Oriental y el Levante español, con continuidad hasta Cataluña y Francia. Este tramo unía Jaén con Cuenca, aunque formaba parte de la travesía Baeza–Saint-Girons, concebida para crear esa conexión del este peninsular.
En su trazado original, la estación de partida era BaezaEmpalme (actual Linares-Baeza) y el recorrido se extendía hasta Utiel, donde enlazaría con Teruel para continuar hacia territorio francófono. Las obras comenzaron precisamente en Baeza, en un tramo de unos 366 kilómetros, con 107 túneles y 12 estaciones, considerado el más urgente para conectar con mayor rapidez el Levante con Jaén y evitar el paso por Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Los trabajos avanzaron también desde el otro extremo, en Teruel y Alcañiz, con la mirada puesta en Francia. Sin embargo, «uno de los proyectos ferroviarios más ambiciosos del siglo pasado» quedó truncado en Utiel, donde las obras para enlazar el municipio valenciano con Teruel nunca llegaron a iniciarse.
Las obras avanzaron de forma ininterrumpida durante casi cuatro décadas, pese a escenarios tan severos como la crisis económica de 1929 o la posguerra española. Ni siquiera la Guerra Civil detuvo la construcción del trazado ferroviario y, cuando faltaban apenas tres años para inaugurar el gran corredor y con el 80 % de la línea ya ejecutada, el Gobierno de Franco paralizó la ejecución de manera indefinida en 1964.
Durante las décadas siguientes hubo varios intentos de reactivar el proyecto y culminar este anhelo ferroviario, hasta que en 1991 el Consejo de Ministros de Felipe González decretó su desmantelamiento final.
La escasez económica que marcó distintas etapas del siglo XX español, unida al auge del transporte por carretera y a la migración hacia las grandes ciudades —que dejó despoblados muchos de los territorios por los que debía discurrir el tren—, dio lugar a dos in-* formes, uno del Banco Mundial y otro de la consultora Sofrerail, que advertían de que su puesta en marcha no sería rentable una vez en servicio. Ambos recomendaron al Gobierno español su abandono, dejando el sueño ferroviario definitivamente en el olvido.
El único tramo que llegó a término fue el que unía Lleida y La Pobla de Segur, inaugurado en 1951 y aún en funcionamiento. El resto de la línea quedó en el abandono hasta principios del 2000, cuando, gracias al impulso de colectivos como la Asociación Vía Verde Linares-Baeza-Utiel, se empezó a reivindicar su reconversión en vía verde.
«Al principio hacíamos marchas de entre 19 y 22 kilómetros, que es el trayecto entre estación y estación de la línea», cuenta Luis Marín, secretario y uno de los fundadores de la asociación que nació en 1999. «Esas marchas iniciales se realizaban cuando aún estaba todo en muy mal estado», añade, en referencia a unos trazados invadidos por maleza y el desgaste del paso del tiempo.
Con el paso del tiempo, la entidad ha mantenido reuniones con los alcaldes de los 19 municipios jienenses por los que discurre la línea, «así como con la Diputación de Jaén, que es quién está realizando las labores de limpieza» , señala. Sin embargo, pese al esfuerzo, todavía quedan tramos pendientes de desbroce, retirada de maleza o arreglo de cunetas, apunta el antiguo trabajador ferroviario. En cuanto a las estaciones, Marín subraya el grave deterioro de las de Begíjar-Baeza y Úbeda, incluidas en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, la asociación que cataloga el patrimonio cultural en riesgo. Además, apunta que uno de los tramos que aún requiere una intervención integral es el que une Villanueva del Arzobispo con Begíjar. «Queremos hacer una especie de Camino de Santiago sobre vía férrea, con estaciones como albergues y travesías que sigan el recorrido del tren», explica. «Lo inédito es que, si se limpia el tramo jienense y se conecta con Albacete, se convertiría en la vía verde más larga de España», ofreciendo vistas espectaculares como la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas o las dos ciudades Patrimonio de la Humanidad.

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