"La majestuosa —y fantasma— estación de tren de Úbeda. Una joya arquitectónica de la línea Baeza-Utiel nacida bajo el Plan Guadalhorce de 1926. Un siglo después, el Ayuntamiento e historiadores locales prefieren celebrar un centenario ficticio antes que admitir la verdad histórica de su origen y el abandono final de nuestras infraestructuras." Recreación por IA
Por Plataforma Vía Verde del Renacimiento.
Mientras el Ayuntamiento y los historiadores locales celebraban con pompa el centenario de la visita de Alfonso XIII a Úbeda, un clamoroso silencio cubrió el verdadero motivo de aquel viaje: la firma de un ferrocarril Baeza-Utiel que jamás llegó a inaugurarse. Este artículo denuncia la amnesia selectiva de unas jornadas que ignoraron el fracaso histórico de la línea, el nulo apoyo institucional a la Plataforma de la Vía Verde y el abandono de la Estación de Úbeda, hoy en la Lista Roja de Hispania Nostra. Un "zasca" directo tanto a la desidia política como a los "cuñados" de Facebook que prefieren la nostalgia de red social antes que exigir a Adif la restauración que por derecho nos corresponde.
El centenario de una firma fantasma: el gran olvido del Ayuntamiento y los historiadores de Úbeda
Hace apenas unas semanas, Úbeda se vistió de gala académica para conmemorar por todo lo alto el centenario de la visita del rey Alfonso XIII a nuestra ciudad. Conferencias, ponencias eruditas, despliegue de datos y un profundo repaso histórico sirvieron para que los historiadores locales y el propio Ayuntamiento de Úbeda recordaran con orgullo aquellos días en los que el monarca pisó suelo ubetense. Sin embargo, en este banquete de la memoria institucional y el aplauso mutuo, parece que a los conferenciantes se les atragantó el plato principal: el ferrocarril Baeza-Utiel.
Es encomiable que se rescate el pasado de los archivos, pero resulta sonrojante el ejercicio de amnesia selectiva que se practicó en esas jornadas. Se habló con detalle del rey, de su distinguida comitiva y del boato de la época, pero se pasó de puntillas —o directamente se guardó un clamoroso silencio— sobre el verdadero hito político y de infraestructuras que justificaba y daba sentido a aquel viaje de Estado: la firma del inicio de las obras del ferrocarril en la vecina estación de Linares-Baeza.
La realidad es tozuda y los documentos históricos no mienten por mucho que se intenten edulcorar. Aunque Alfonso XIII firmase el Real Decreto el 5 de marzo de 1926 dentro del Plan Guadalhorce, el monarca jamás llegó a inaugurar la línea. Las obras no comenzaron oficialmente hasta 1927, ya bajo la dictadura de Primo de Rivera, y el trazado ferroviario quedó finalmente inconcluso, convertido en un cadáver de hormigón antes de haber visto pasar el primer tren.
El primer zasca: Resulta esperpéntico que las mismas autoridades y cronistas que hoy saturan la agenda cultural celebrando una visita real de hace cien años, olviden mencionar que aquella "histórica firma" se convirtió en la mayor promesa rota de nuestra historia. Festejar la firma de un tren que nunca llegó a funcionar es como inaugurar con orgullo la primera piedra de un hospital que jamás se construyó. Una cosa es la investigación histórica rigurosa y otra, muy distinta, el escaparatismo cultural y la complacencia política.
Pero el silencio no solo es vergonzoso por lo que ocurrió en el siglo pasado, sino por la desidia en el presente. El trazado abandonado del Baeza-Utiel lleva décadas esperando una reconversión integral en Vía Verde que dinamice la comarca y ofrezca una alternativa turística y medioambiental sostenible. Sin embargo, el apoyo real del Ayuntamiento de Úbeda y de estos foros de historiadores a este proyecto patrimonial ha sido prácticamente nulo.
Y aquí es donde entra la fauna digital de nuestra ciudad. Esos mismos historiadores de salón que callan en las conferencias oficiales coexisten en el ecosistema local con los "cuñados de taberna" de la conocida red social Facebook, como los grupos de Fotos de Úbeda o Actualidad de Úbeda. Esos opinólogos de teclado que se creen cronistas oficiales detrás de una pantalla, siempre dispuestos a pontificar sobre el pasado de Úbeda con nostalgia rancia, pero incapaces de arrimar el hombro para apoyar las reivindicaciones de la Plataforma de la Vía Verde.
Zasca a la "taberna virtual": Es muy cómodo dar lecciones de ubetensismo en Facebook entre "me gustas" y comentarios nostálgicos, pero resulta patético ver cómo esos mismos palmeros digitales e eruditos de barra de bar ignoran deliberadamente la lucha activa de la Plataforma de la Vía Verde. Prefieren mil veces discutir en redes por el color de una piedra o por qué rey nos visitó hace un siglo que firmar un manifiesto, salir a la calle o exigir a las administraciones que rescaten el trazado. Para el postureo en redes siempre tienen gigas de memoria; para el compromiso con el futuro de su tierra, se quedan sin cobertura.
El ejemplo más sangrante de este abandono institucional, olvido académico y cobardía digital tiene nombre y apellidos: la propia Estación de Ferrocarril de Úbeda. Mientras en las conferencias se llenaban la boca con el centenario de Alfonso XIII, este edificio histórico —joya abandonada de la línea inconclusa— languidece en la Lista Roja del Patrimonio de la asociación Hispania Nostra debido a su estado de ruina progresiva.
Se puede llegar a entender que el Ayuntamiento de Úbeda, con un presupuesto municipal limitado y mil frentes abiertos, argumente que no puede asumir en solitario los millonarios gastos de restauración que requiere un inmueble de estas características. Es una excusa económica válida, pero no política. Si las arcas locales no dan para levantar los tejados de la estación, lo mínimo exigible a nuestros gobernantes es que tengan la valentía y la decencia de reivindicar y exigir formalmente a Adif su inmediata restauración y consolidación. Adif, como ente propietario de las infraestructuras ferroviarias estatales, es quien mantiene este patrimonio en el olvido, pero el Ayuntamiento prefiere el silencio sumiso antes que levantar la voz y exigir lo que por derecho e historia nos pertenece.
El zasca definitivo: Nuestros historiadores locales, los responsables municipales y los "cuñados" de Facebook perdieron una oportunidad de oro para hacer verdadera pedagogía histórica: conectar el pasado con el presente y explicar por qué, un siglo después, Úbeda sigue sufriendo un aislamiento ferroviario crónico. Pero claro, es infinitamente más cómodo y políticamente correcto hablar de los viajes de la Corona en 1926 —o poner comentarios simplones en redes— que asumir la responsabilidad actual, exigir cuentas a Adif y dejar de permitir que la Estación de Úbeda se caiga a pedazos en la Lista Roja mientras la Vía Verde sigue bloqueada por la desidia local. Al final, en Úbeda, la única máquina que funcionó a las mil maravillas fue el tren del silencio y la hipocresía institucional.
Conclusión: Menos fotos de salón y más dignidad patrimonial
En definitiva, el centenario de la visita de Alfonso XIII no ha sido más que otro ejercicio de escaparatismo cultural diseñado para el aplauso mutuo y la foto de rigor. Es intolerable que quienes se autoproclaman custodios de nuestra historia oficial miren hacia el pasado con lupa académica mientras sufren de ceguera voluntaria ante el presente. El verdadero rigor histórico no consiste en recrearse en el boato de una comitiva real de hace un siglo, sino en tener la valentía de señalar cómo aquella "histórica firma" se tradujo en una vía muerta, en un abandono crónico y en una estación, la nuestra, que hoy da vergüenza ajena verla en la Lista Roja de Hispania Nostra.
Ni el Ayuntamiento puede ampararse en la falta de presupuesto para justificar su sumisión ante Adif, ni los "cuñados de Facebook" pueden seguir lavándose las manos entre comentarios nostálgicos mientras dan la espalda a la Plataforma de la Vía Verde. La memoria de Úbeda no se defiende con discursos edulcorados ni con "me gustas" en las redes sociales; se defiende exigiendo responsabilidades, arrimando el hombro con los colectivos locales y rescatando del olvido lo que por justicia nos pertenece. Mientras la complacencia de los historiadores y la desidia de los políticos sigan gobernando la agenda, Úbeda continuará anclada en la misma vía muerta en la que Alfonso XIII la dejó hace cien años. Ya es hora de que el Ayuntamiento despierte, deje de silbar y empiece, de una vez, a exigir a Adif la dignidad que nuestro patrimonio ferroviario merece.